domingo, 7 de agosto de 2016

Crónica: OCEAN COLOUR SCENE. A Coruña. Playa de Riazor. Festival del Noroeste. Viernes 5/8/´16.

Como “El niño de Elche” comentó durante su actuación en el festival: “Tenéis más programación aquí en cinco días, que en Sevilla durante todo el año”. Así podría definirse el trasfondo que a los foráneos nos trasmitió la trigésima edición del Festival del Noroeste. Cantidad, calidad, y todo –en buen galego- `De balde´. Un atracón en el que, aparte del referido artista andaluz, pudimos disfrutar de propuestas que iban desde los autóctonos, y herederos del mejor Mark Lanegan, “Fripp & Kitte” hasta bandas ya consagradas, como la que nos ocupa: “Ocean Colour Scene”, ya en su penúltimo día. Un verdadero –como Robert Dowland escupiría-, musical banquet.



A cosa de la 1.00, en plena (y fresquísima) Playa de Riazor, y después de haber engullido por enésima vez el mismo set de Triángulo de Amor Bizarro, la verdad es que la cosa no podía estar mucho más animada de lo que en realidad se percibía. El cuarteto, en su formación original, arrancó no con pocas dificultades. Clientes de Mercadona, yonquis vintage y adolescentes de botellón, se entremezclaban entre la audiencia más musiquera, al son del mantra: ¿Quién cojones son estos?; pero tan pronto como el riff de “Day Tripper” comenzó a repicar, por arte de magia, el rollo raro que por allí parecía iba a descargarse en forma de ostia al menos culpable de la bahía pareció disiparse.

Bajo estas coordenadas, los “Ocean” parecían luchar por enganchar (al menos) a la audiencia fiel. De este modo, “It´s My Shadow” o “One For the Road” fueron perfilando lo que fue la primera parte del concierto: hits procedentes de su icónico “Moseley Shoals” de 1996. Así que pasen veinte años –que rezaba el bolero- para que aquellos temas que a todo brit-popero/mod/Stax-Motown fan le encantaban, sigan manteniendo el mismo punch que antaño, a pesar del `biruji´ y la humedad reinantes.

Steve Cradock- A la derecha del `Modfather´


Olvidando las vicisitudes ambientales y climáticas, el sonido y la visibilidad del show, fueron más que envidiables, pudiendo disfrutar de éste sin problemas desde prácticamente cualquier punto, facilitando que esa tremenda “Get Away”, o ya repasando su “Marchin´ Already”, “Better Day” fueran finalmente de lo mejorcito que hemos podido saborear de entre todo el line up participante en esta edición. Especial mención para Steve Cradock (y sus tablas), que luchando contra un teclado cutre-lux que ofrecía (involuntariamente) sonidos más cercanos a la “Orquesta Acapulco” que al piano de Ray Charles, supo solventar magistralmente el inconveniente. Cosas que solo un grande de la música británica puede resolver `in situ´ frente a los casi ocho mil asistentes al evento; todo ello sin desmejorar ni una sola nota procedente de sus SG y Goldtop de cabecera.

Whammy bar que te pego.


Para mediar el concierto, tanto Steve como Oscar Harrison, (y el gran sustituto a las cuatro cuerdas de Damon Minchella), Raymond Meade, dejaron solo al cincuentón barrigotas más simpático de A Coruña: Simon Fowley, que –siempre con un gran sentido del humor- encaró en soledad “Robin Hood” acústica en mano. Tras esto, la retalía de melocotonazos que se preveía tras haber echado un vistazo a sus últimos repertorios en tierras británicas se hizo realidad.

Simon Fowley con cara de... ¡¿Qué leches os pasa, mtfckrs?!


“Profit In Peace” (esta vez, con bastante más ayuda del público), “So Low”, o la imprescindible “The Day We Caught The Train” fueron las encargadas de encarar la recta final de su actuación, responsabilidad que, sin grandes sorpresas, recayó sobre el doblete “Traveller´s tune” + “Hundred miles high city”.

Oscar "Menos mal que sigues ahí, rompiendo parches cerca de mí" Harrison.


Como siempre, se echaron en falta, grandes números como los procedentes de su ampliamente ignorado “North Atlantic Drift” , o soniquetes tan estupendos como una “Up on the Downside” que nos hubieran machacado como bis de postín. Cuestión de gustos, -y suponemos- también de una química que podía haber sido mucho mejor entre OCS y una parte del público que, a buen seguro, no supo apreciar las bondades de la mítica banda inglésa al cien por cien. Una hora y cuarto de soul/folk del bueno que nos supo a vieira. Los volveremos a buscar.

Fotos y Texto: Vinylola.





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